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sábado, 10 de enero de 2026

#67- QUE LLOREN EN TU CASA NO EN LA MIA.


¿Has tenido algún día tan pesado en el trabajo que ya ni siquiera quieres saber nada ni de nadie? De esos días en los que solo quieres estar solo. Así, de fácil.

Pues sí, claro que tuve uno de esos días. Al salir del trabajo en el hotel, decidí cambiar mi trayectoria rumbo a casa y desviarme al bar Fridas.
Ese bar tiene una personalidad muy rústica, colonial, ya sabes… ese toque tan atractivo y pintoresco para el extranjero, y por supuesto, para la población LGBT local.

Ya dentro, miré alrededor y, como siempre, el lugar estaba bastante concurrido. No dudé ni un segundo y me dirigí directo a un banco en la barra: el único asiento disponible. Me senté, saludé a Julio, el barman, y le pedí una cerveza. Era lo único que deseaba en ese momento.

Le di un sorbo, respiré profundo y seguía pensando en pendientes del trabajo. Ya estaba por encender un cigarro cuando un sonido llamó mi atención. Sí… alguien junto a mí estaba llorando.

Giré la mirada y la vi. Era una mujer trans —o como se decía entonces, una “vestida”. Respiré hondo y pensé: bueno, chikys, hay que apoyarnos. Solté un suspiro, la miré a los ojos y le pregunté:

—¿Estás bien? ¿Te puedo ayudar en algo o solo necesitas tu espacio?

Y sin más, con lágrimas en los ojos, me respondió:

—Es que fui violada.

Mi respuesta fue inmediata:

—Cuánto lo siento, de verdad. ¿Cuándo sucedió?

—¿En serio necesitas tu espacio? —Le pregunte.
—No, está bien —respondió—. Fue cuando era un niño de 13 años.


La miré. Luego giré hacia Julio y le pedí una de las muñecas de la decoración: esas de cartón, pintadas a mano, que ahora son consideradas artesanías mexicanas. Cuando la tuve en mis manos, se la mostré a mi nueva amiga —pongámosle así— y le dije:

—¿Dónde te tocó el hombre malo? ¿Dónde te tocó?

Las risas no se hicieron esperar. Toda la barra estalló. Ella me miró, me insultó (sí, me lo merecía) y, de pronto… empezó a reír también.

La tomé del hombro, la miré y la invité a observar a todos los que estaban a nuestro alrededor, ahí, en ese bar, en ese momento.

—¿Qué ves? —le pregunté.

—Es un bar gay —respondió.

—¿Y a qué te refieres? —me dijo.

—A que el 80 % de los que estamos aquí hemos sido tocados… y más allá.

No crees que este no sea el lugar para venir a causar lástima, y menos entre nosotros —discúlpame—, pero los que deberían estar arrepentidos, llorando y lamentándose son ellos, no nosotros. Hay que tener dignidad. No causar más heridas.

¿Por qué tendríamos que estar lamentándonos toda la vida?
Nosotros no causamos esto. Hay que tener la frente en alto, firmes, seguros, seguras de que valemos… y mucho.
No es no.
Que se arrepientan ellos por sus actos, porque nosotros no lo iniciamos ni lo provocamos.

A esos tipos yo los catalogo como los Gutierritos. Y así de simple, las lágrimas se hicieron risas.


En mi caso, me topé con varios de esos tipos cuando yo tenía apenas tres años. Un día les pregunté.

Duraron dos años: diario, todos los días, no me soltaban. Y así, sin más, me botaron cuando cumplí cinco años.

¿La razón?
  Porque 

Su respuesta me dejó anonadado. La verdad, no me la esperaba. Simplemente me dijo:
—Eres un imbécil, tú solo te ponías.

¿Perdón?
—Sí, tú solo te ponías.

.Y tardé en comprender su respuesta. No fue inmediato, pero después de un rato lo supe.Al “ponerme yo solo” cuando ingresaban a mi cuarto, les quité su fantasía erótica, su fetiche. Porque eso era, al final, lo que realmente los excitaba. el tener sometido y aterrorizado, Y cuando ya no les tenía miedo, su emoción se desvaneció.

Todo su poder, su fantasía, su placer… se terminó por mí.

¿TIENE SENTIDO?

(Quiero mandar un saludo —y de verdad una felicitación y admiración— a varias personas y amigos que trabajan en esa empresa, quienes logran cosas que ni la política ni la diplomacia pueden hacer.
Y la verdad, se nota cuando pasa la barredora
Ellos me entienden, chukys. 😎)

ATTE: LA MITCHELL

CASA DE LAS MUÑECAS CDMEX.

CASA HOGAR PAOLA BUENROSTRO.


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