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jueves, 1 de enero de 2026

#55- TE ENGANCHO, TE CHANTEJEO Y TE ANEXO.

Hay cosas que me intoleran.
Cosas que me molestan tanto que, si las vieras en mi cara, sabrías de inmediato que ando de muy mal humor.
Pero hay una que de plano no puedo ni tolerar: que dañen a un niño.
Eso —y solo eso— es lo único que realmente me sacaría de mis casillas chuky.

Ahora dime tú:
¿Qué pensarías si te contara que hay un grupo que se dedica a hacer justamente eso?
Sí. En el estado de Jalisco.

¡Te cuento!
Va.
Ahí te va, Wey.

Esta nueva generación dentro de la población LGBT: jóvenes impetuosos, interactivos, con muchísima energía y curiosidad por experimentar su cuerpo y su sexualidad. Para que te des una IDEA clara: chicos de secundaria, en pleno desarrollo.
¿Vamos bien? Ok.

Ahora bien, existe un grupo de personas —a quienes yo les llamo los guapillos del barrio— que se mueve de una forma muy específica. Tienen bien aprendido su método, su modus operandi, y funciona más o menos así:

Existe una aplicación muy conocida para conocer a otros chicos dentro de la población LGBT. En el papel suena normal, incluso positiva. Pero el verdadero propósito de algunos no es socializar: es localizar y rastrear a chicos de secundaria.

Los envuelven con mentiras, palabras bonitas y, claro, con el intercambio de fotos subidas de tono. Y seamos realistas: por la edad, por la hormona y por la famosa edad de la punzada, claro que hay reacción. Es parte del desarrollo chikys.

Más todavía cuando creen que están hablando con chicos “tipo preparatoria”. Todo parece tener sentido. Todo parece inofensivo… hasta que deja de serlo.

Después de varios mensajes subidos de tono, la conversación empieza a girar hacia un encuentro en persona. Se acuerda un punto, todo parece “normal”.

Pero cuando el chico de secundaria llega, se da cuenta de algo clave: no están solos. No es una reunión como tal… es más bien una fiesta muy especial.

Ahí está el anfitrión: guapo, de preparatoria, mayor de edad, con toda la intención de llevar la situación más lejos. Justo cuando todo parece avanzar, lo detiene y pone sus condiciones. Para continuar, el menor tiene que consumir alguna sustancia.
Y el chico accede. Por emoción, por presión, por no saber cómo salir de ahí.

Los tipos logran su cometido.


Días después, vuelven a comunicarse con los menores. Esta vez no para charlar, sino para exigir y chantajear. Los amenazan con videos donde aparecen en esa fiesta, consumiendo y conviviendo con adultos.

El miedo hace el resto.

Los menores empiezan a vender sus cosas, a pedir dinero, incluso a hurtar dentro de su propia casa. Y como es lógico, los padres notan los cambios: actitudes extrañas, silencios, tensión. Están molestos. Preocupados. Algo no cuadra… pero aún no saben qué.

e igual forma, los menores ya no tenían nada que ofrecer, solo temor.

Cuando los tipos se dieron cuenta de que ya no podían sacarles nada más a los chicos, decidieron ir un paso más allá: se dirigieron a sus casas, tocando sus puertas para entablar conversación con los padres. Mostraban los videos, exponiendo al menor y especulando sobre el peligro en el que estaba por consumo y “situaciones de riesgo”.

Pero, claro, ellos también ofrecían su “ayuda” y apoyo… porque cuentan con un anexo, una supuesta granja en Chapala, Jalisco.

¡Qué sencillo, verdad!

Te preguntarás cómo tengo toda esta información.
Claro que te lo diré, chikys.

En una de mis vueltas a Guadalajara por trabajo de mi empresa —el hotel— me conecté a esta aplicación de la mascarita. ¡Vamos bien! Me citó uno de los guapillos y fui a su “fiesta especial”. Sí, consumí. No lo niego.

Pasaron los días y volvió a citarme. Asistí. Nos vimos. Intentó chantajearme pidiéndome efectivo.
Yo me reí y le contesté:
—¿Acaso me vas a dar publicidad gratis, chikys?

Le dije que yo aparezco en tres producciones profesionales realizadas en Canadá, películas para adultos gay, y que no entendía en qué me ayudaría un video grabado con su celular. Me burlé, así de simple… y me retiré.

Después vino el silencio.
Y luego, mi desaparición.

Fui privado de mi libertad. Ya sometido, la dueña del anexo, de nombre Sandra Rocío Geta, propietaria de Casa Victoria y Libertad, Casa SRG. Me tenía encadenado, esposado, golpeado. Me mandaba —según ella— con “custodios del anexo” a trabajar como peón en obras, jornadas de 5:00 de la mañana a 12:00 de la noche. Sin salario. Con una sola comida.

Un día decidió regresar más temprano porque había una cita en un salón donde, según ella, se reunían “las mejores juntas de AA, con los mejores padrinos de Jalisco”.
Llevándome al lugar: yo, extremadamente delgado, sucio, recién salido de la obra. Miré a los padrinos… yo los reconocí. Ellos a mí no. No en ese estado.

El lugar era el mismo salón de la fiesta.
La misma “reunión especial". La orgia.

CONCLUSIÓN

Engañan a los chicos para que consuman.
Los filman sin que se den cuenta.
Los chantajean, pidiendo efectivo.
Los “anexan” en sus granjas.

¡Qué negocio, chikys! Wow.

No pongas la credibilidad de tu hijo en manos de un extraño.
Si lo haces, perderás mucho más.
Habla, platica, no te calles.
Recuerda: aquí mismo en este blog, el padre educa al hijo y el hijo educa al padre, chikys.
No te hagas wey.

En mi caso perdí mucho, no pierdas lo que amas.

Nadie tiene el derecho de tocarte sobajarte o hacerte sentir menos vales mucho.

ATTEL: LA MITCHELL

CASA HOGAR PAOLA BUENROSTRO.

CASA DE LAS MUÑECAS CDMEX


  

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