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sábado, 3 de enero de 2026

#57- INTERVENIA O ME SALIA.


En mi vida he tenido que tolerar maltratos, insultos y una discriminación pura y cruda.
Lo he comentado antes: yo jamás me atrevería a hacerle algo así a otra persona, porque sé perfectamente lo que se siente.
Conozco el dolor, la soledad, el sentimiento de no ser querido, de no ser aceptado, incluso por distintos círculos sociales… hasta por mi propia población LGBT.

He vivido de un lugar a otro; pónganme el nombre que quieran: nómada, trotamundos.
En esta ocasión me tocó llegar a una de las zonas más conflictivas de Guadalajara. la central vieja, con lo poco que traía, y terminé en el Hotel Central, ubicado en la calle 28 de Marzo #739. esquina los ángeles.
Ahí me hospedé con el poco efectivo que me quedaba, con el miedo constante de volver a quedarme en la calle. Ese pensamiento me aterraba.

Los dueños del lugar comentaron que necesitaban personal, así que ofrecí mis servicios. Expliqué mi situación y llegamos a un acuerdo: me pagarían con hospedaje y un poco de efectivo.
Aclaro que no solo trabajaba como velador; también hacía funciones de recepcionista, mantenimiento y muchas otras más.
Era pesado, sí. Pero lo más duro era ver cómo otros empleados robaban cosas de los cuartos de los huéspedes, mientras los dueños lo permitían.
Al momento de hacer cuentas, siempre resultaba que uno les debía a ellos. Todo estaba planeado para que así fuera.

Una noche, durante mi turno, me avisaron que había una persona tirada en el suelo de una habitación. Fui de inmediato y confirmé la situación: era una mujer de la tercera edad, tirada en el piso.
La revisé lo mejor que pude y avisé a los dueños. Su reacción no fue para nada la que yo esperaba.

Yo intenté llamar a las autoridades, pero me lo impidieron.
Me preguntaron si ya había pagado. Resultó que alguien la había llevado y pagado una noche por ella. La señora usaba silla de ruedas; aclaro que estaba en condiciones deplorables, ni siquiera tenía bien sus ruedas.

Al enterarse de esto, los propietarios del Hotel Central me obligaron a sacarla del lugar, a llevarla unas cuadras más adelante y abandonarla en plena calle.
Ese día llovía, hacía muchísimo frío. Traté de convencerlos de que me dejaran llamar al DIF o a alguna dependencia del gobierno, pero no lo permitieron.
No tenía teléfono celular. Me amenazaron diciendo que, si lo hacía, me echarían a la calle junto con ella.

Arrastré la silla varias calles, pidiendo ayuda a las personas… y la realidad fue devastadora: a nadie le importó.
La cubrí con lo poco que tenía, le puse la única chamarra que me quedaba. Me disculpé con ella, con un dolor enorme chikys, antes de dejarla ahí.
No fue nada fácil. Me dolió muchísimo wey.

Busqué una patrulla, informé de la situación, pero noté que me ignoraron.
Qué fácil es girar el rostro, desviar la mirada y pensar que no pasa nada.
Para ti puede ser fácil… para mí no lo es.

Ver las necesidades de los demás, sumadas a las mías, me hace preguntarme:
¿De verdad vale la pena ser buena persona cuando a quienes no lo son les va tan bien?

¿Tiene sentido?

Nadie tiene el derecho de tocarte sobajarte o hacerte sentir menos vales mucho. 

Ha un anciano no se le desecha se le honra. chukys.

ATTEL: LA MITCHELL

CASA HOGAR PAOLA BUENROSTRO

CASA D ELAS MUÑECAS CDMEX.

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