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jueves, 1 de enero de 2026

#54- CUBA Y NAMIBIA EN VERDAD.


Cuba y Namibia: una amistad en defensa de la vida. AHI WEY.

En mi estancia en Namibia —sí, hasta Sudáfrica me llevó la vida— me di cuenta de algo que mis ojos veían, pero mi cabeza tardó en procesar. Caminaba por las calles de Windhoek, entre su cultura viva, su gastronomía africana y edificios cargados de historia, cuando algo me sacudió por dentro.

Las estatuas.

Allí están los héroes de su independencia, erguidos, firmes, como recordándole al pueblo quiénes los llevaron hasta la libertad. Para nosotros los héroes suelen ser otros: los Niños Héroes, Miguel Hidalgo y Costilla, los nombres que aprendimos de memoria en la escuela. Pero entonces pasó algo que no me esperaba.

Vi estatuas de Fidel Castro.

Y ahí sí, va chukys… me explotó la cabeza.

No era Cuba. No era La Habana. Era África. Y Fidel estaba ahí, convertido en símbolo, en gratitud, en memoria viva. En ese instante entendí que la historia no siempre cabe en los libros ni en las fronteras. Hay luchas que se cruzan, pueblos que se adoptan, y amistades que se construyen defendiendo lo más importante: la vida.

Y sí, ahí entendí todo.


WINDHOEK, Namibia. — “Namibia no sería la misma sin los cubanos”, dijo Sam Nujoma, padre fundador de esta nación. Y la verdad pega fuerte. Pero también es cierto al revés: Cuba no sería la misma sin Namibia. Porque lo que une a estos pueblos no nació del protocolo, sino de una lucha cruda contra la muerte, del sacrificio compartido y del coraje plantado de frente al apartheid.

En los años más duros, cubanos y namibios escribieron juntos una página que no cabe solo en África, sino en la historia del mundo. De esa batalla nació una amistad profunda, casi familiar, marcada por la cercanía entre Fidel Castro y Sam Nujoma. No es poesía: “El papel de los combatientes cubanos cambió el curso de África y del mundo”, recordaría después el expresidente Hifikepunye Pohamba.

Lo que empezó entre balas se volvió abrazo. La guerra dio paso a la solidaridad. Llegaron médicos, maestros, ingenieros. Jóvenes namibios se formaron en Cuba y muchos, sin exagerar, la llaman también Patria. chikys como me quede. 

Cassinga fue una herida que nunca cerró. Mayo de 1978. Bombas sudafricanas cayendo sobre refugiados indefensos: niños, mujeres, ancianos. Y entonces Cuba llegó. No con discursos, sino con manos que salvaron vidas, con médicos que lucharon contra la muerte. De ese dolor nacieron hombres y mujeres que hoy construyen una Namibia libre.

Y Fidel… Fidel está aquí.

En Windhoek, una calle con su nombre cruza la Avenida Independencia, rodeada de las instituciones más importantes del país. No es casualidad. No es adorno. Es memoria viva. Es gratitud hecha ciudad.

Hoy, con la visita del presidente Miguel Díaz-Canel, se confirma una verdad que no se oxida con los años: Cuba y Namibia siguen unidas por la misma causa. Defender la vida. Defender la dignidad. Y hacerlo juntos.

Y sí… ahí entendí todo. chikys. 


Hay recuerdos que no se borran: sabores, colores, paisajes. Pero la comida… la comida es otra cosa, es memoria pura. En Namibia hubo un lugar que me emocionaba visitar una y otra vez, casi como un ritual: un restaurante en la capital, Windhoek, llamado Joe’s Beerhouse.

No era solo la comida. Era el ambiente, las risas, el momento. Era sentir que ahí el tiempo se detenía un poquito.

(En mi caso, cada lugar inolvidable lo fue porque tú estabas ahí junto a mí. Te extraño, Christian. Descansa en paz, mi cielo.)

ATTEL: LA MITCHELL

CASA HOGAR PAOLA BUEN ROSTRO

CASA DE LAS MUÑECAS CDMEX.


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