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sábado, 17 de enero de 2026

#78- A LA FICHA CON CHAVELO.

Hay situaciones en las que uno simplemente no encaja… ya sabes, por todo y por nada. ¡Ay, wey!

En el tiempo que me tocó trabajar para un amigo muy querido, un gran empresario de Bahía de BanderasLuis, para los cuates—, propietario del restaurante Cilantro’s, del Prestige (table dance) y, por supuesto, de uno de los lugares más exclusivos en su tiempo: el Martini Bar Lounge SKY, enfocado a la población LGBT+. Un lugar impresionante.

El simple hecho de entrar y estar ahí ya era increíble, chikys.
Te cuento.

Desde que entrabas, ya estabas en el Martini Bar: muy lindo, cómodo y elegante. Seguías caminando y, al fondo, subiendo las escaleras, la vista era brutal. El antro era enorme, monumental. Solo ver la cabeza de la Estatua de la Libertad en tamaño real ahí plantada te dejaba impactado. Las luces, el DJ… todo.

Pero no paraba ahí.

Seguías al otro extremo, subías otras escaleras y llegabas al lounge, donde había enormes camas montadas sobre una base de arena blanca traída de Cancún, Quintana Roo. Un espectáculo.

Y todavía más arriba, en lo que sería como un cuarto piso, estaba una habitación bastante grande, con barra, ventanas enormes (la vista no era la gran cosa, la verdad). Ahí solo estábamos un guardia de seguridad, un cantinero y tu servidor. Ese cuartito era nuestro territorio.

Y ahí empezó mi preocupación…

¿Cómo chingados íbamos a hacer para que la gente subiera hasta allá?
La neta: nadie quería estar ahí. Todos —hasta yo— queríamos estar en el área de la disco, el antro.

Y pensé:
¿Cómo hago para que todos quieran estar aquí?
Porque, seamos honestos, uno no va solo por el sueldo… va por las propinas.

Entonces me cayó el veinte 💡
Pensé: ¿Qué tanto le puede afectar —o beneficiar— a un gay?
Pues claro… el ego. A huevo.

Ahí estaba la respuesta.

De inmediato me quité la camisa del trabajo, me bajé el pantalón a la cadera, me aventé unas 50 lagartijas, chikys. Me tomé un buen tequila derecho y miré al de seguridad:

—No dejes pasar a nadie si yo no te indico, por favor. De aquí vamos a sacar nuestras propinas.

Al cantinero, que era buenísimo, le pedí que preparara cocteles de bienvenida por la casa (¿cuál casa? Eran de nuestra botella 😏).

Salí por la puerta del cuartito, ya casi en la azotea, miré a toda esa multitud y me agarré de valor. Bajé y, de cada rincón de ese lugar enorme, me dediqué a jalar a los mejores hombres del lugar: los más guapos, cuerpazos, atractivos.

¿Y cómo lo hice?
Así de simple:

—Tú eres VIP, sígueme.

Y listo.

Fue un desfiladero de los mejores especímenes del sexo masculino. Cuando los llevaba al cuartito de la azotea, el guardia no dejaba pasar a nadie sin mi autorización. Además de host, me aplicaba de mesero. No era fácil, la neta.

En cada mesa me invitaban a tomar y ahí empecé a fichar, sin que mi amigo Luis se enterara. Mi cantinero ya sabía: mis martinis eran sin alcohol, claro… sin que los clientes se enteraran (¿o sí? 😏). Y también sabían que había un costo extra.


Ya entrado en ambiente, decía:

Salidas no había, por si te lo preguntas.

De pronto, ese cuartito se convirtió en el lugar donde todos querían estar. Muchos me querían pagar, pero no podía dejar entrar a cualquiera. El morbo, el ego, el “yo soy VIP”

Era impresionante cómo solo con decirles “eres VIP”, todos querían estar ahí, en un cuartito del cuarto piso, en la azotea.

Mi cometido estaba cumplido.

De algo tan pequeño, con una barrita, saqué tanto, usando una sola frase:

¡ERES VIP!

Pero claro… el éxito en el área VIP empezó a causar molestias entre el staff del Bar SKY. Luis tenía trabajando a más de 80 personas, y todos operaban con el esquema de tronco (juntar todas las propinas y repartirlas por porcentaje).

Después de semanas de mi éxito, al cierre, ya saliendo del lugar, me topo a mi amigo Luis llamándome:

—Mitchell, hay una junta, wey. Yo no la hice, yo no sé nada, no te vayas a molestar conmigo.

Lo miré y lo seguí. Ya en el área del lounge, el capitán de meseros me confronta:

—A ver tú, ¿por qué no das tronco?

—¿Perdón?

—No te hagas wey.

Entonces le dije:

—A ver, mi buen, te explico y te pregunto, va.
¿A ti te agarran las nalgas?

—¡No!

—¿A ti te besan?

—¡No!

—¿A ti te agarran la verga?

—¡No! ¡Soy joto! —me respondió molesto.

Metí la mano al bolsillo y saqué una paca de billetes bien gorda:

Mi respuesta fue sutil y clara.

—Pues a mí sí. 

Y estas propinas son mías y con permiso chukys.

La reacción de Luis fue inmediata. Estaba tomando de su bebida cuando le dio tal ataque de risa que me salpicó todo, me bañó completo.

Entre risas me dijo:

—Mejor te llevo al Prestige (table dance) a trabajar.

En mi caso, yo sé trabajar en equipo y compartir. En ese cuartito le sacamos bien bonito.

Me ayudas, te ayudo. Así de simple.

y ya sabes 

nadie tiene el derecho de tocarte sobajarte o hacerte sentir menos bales mucho.

ATTE: MITCHELL

CASA DE LAS MUÑECAS CDMEX.

CASA HOGAR PAOLA BUENROSTRO.

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