Te he comentado acerca de mis pretendientes que he tenido a lo largo de mi vida; al igual, me han dado muy buenas historias y aprendizaje. Pero hay uno que me enseñó, compartió y me encantó.
Y hablo de Roberto Espejos “La Gorda”. Cuando lo conocí fue en un escenario, si mal no recuerdo, en el Mónica’s Bar. Comediante, conductor del show. Al ver la estrella que es, por el cariño, tan querido por su público… wow.
Salí con él, pero me mostró un lado que no conocía: un caballero hermoso. Me compartió a su familia, a sus amigos; qué gran sabor de boca, en verdad, chukys. Al conocerlos, actores igual que él de teatro, el escuchar sus pláticas de música, arte, cine, teatro… me envolvía con sus temas, relatos, anécdotas; temas que antes no les tomaba importancia. En sí, cultura.
El salir con él me abrió otro mundo más allá del modelaje. Miré más expectativas, sueños, anhelos y, claro, que podía… con esto y más.
Una mañana Roberto me llama para extenderme una invitación para el cierre de la obra de teatro: Las 100 develaciones de Dorian Gay, en el Teatro Alarife Martín Casillas, frente al DIF Guadalajara, a un costado de la Normal. Al llegar, me envolvió todo: la alfombra, el público, el telón. Al ver la obra completa, me emocionaba, me fascinó. Quiero todo eso: el telón, el público, los aplausos, la atención. Me transportó a un lugar que supe que es para mí.
Ya terminada la obra, mi sorpresa fue enorme: la persona invitada para develar la placa fue nada más y nada menos que la señora Ana Luisa Peluffo, la actriz de la época dorada del cine mexicano. Al ver una estrella de este tamaño me emocioné más, chikys.
¡No manches!
Ya afuera del teatro, esperando mi turno para felicitar a Roberto, al ver que estaba rodeado de tantas personas me aproximé. Al estar frente a él, me iba a despedir; giró su rostro, me miró comentándome:
—Espera, Mitch, ya salimos a festejar.
¡WOW! ¡Qué chido! pensé.
—Espera en el auto, ya voy.
Y sin más, yo ya estaba bien puesta a un costado de su auto. En cuanto llegó Roberto, pero no solo: tomado de su brazo iba la señora Ana Luisa Peluffo; se iría con nosotros. Solté el aliento, pensando: Mitchell, no la cagues, no vayas a hacer preguntas tontas.
Comenzó nuestro recorrido hacia un restaurant piano bar frente a Los Cubos. Al llegar, me percaté que no éramos los únicos: todos los de la producción de la obra ya se encontraban ahí. Las risas, las felicitaciones, el brindis en la barra no faltaron en el bar del restaurant. En cuanto nos dieron mesa con todos los de la producción, tuve la suerte de que me tocara junto a la señora Peluffo.
Te puedo garantizar que lo poco que la traté, mis respetos: una gran dama, gran persona. El platicar con ella toda la noche de hombres, vestidos, lugares… nos reímos, carcajeamos, susurramos. Me la pasé súper, dado que ella era la persona de la noche. Hizo un brindis para los actores y los galanes; me impresionó.
Antes de levantarnos me pidió mi dirección, la cual no dudé y se la di, diciéndome:
—Te mandaré un regalito que estoy segura te gustará mucho.
Sin más, nos despedimos.
Pasaron las semanas y ya nada más me imaginaba que fue una hermosa experiencia; ya sabes, cuando te das por vencido. Y en eso tocaron a mi puerta: me llegó un paquete. Lo recibí y, al ver de quién me lo mandaba, me puse a brincar. Nervioso lo abrí y se trataba de un vestido dorado, muy encuerado, que parecía que los brillitos nunca se terminaban. Me encantó, lo guardé como no tienes una idea.
La verdad, a nadie le conté. La sencilla razón: es un regalo para mí.
Ya en la actualidad, en mi primera situación en CDMEX, el albergue Coruña me canalizó a Casa LLECA, donde la directora me entrevistó. Y la realidad: el miedo, la preocupación de que no me recibiera. Le obsequié este vestido junto con otro que me regalaron de una película (vestuario). Ya sabes, como el tratar de comprarla, caerle bien, para que me recibiera.
Al darle los vestidos, ella los tomó con dos dedos, arrojándolos a un mueble. Mi impresión fue grande y mi duración en Casa LLECA fue poca.
No sabes lo que tiraste a la basura. Al ver su rostro me percaté que para ella se le hizo poca cosa.
(En mi caso, era mi estancia para unas noches, pero me ganó la desesperación. Qué tonto soy.)
Nadie tiene el derecho de tocarte, sobajarte o hacerte sentir menos. Vales mucho.
UN GRAN ABRASO CON MUCHO CARIÑO A ROBERTO ESPEJOS ERES INCREIBLE.
PT. me podrías mandar fotos de la cena gracias. michell3tour@gmail.com
no tengo facebook me jaquearon mitchell.gonzalez.58
ATTE. LA MITCHELL
CASA PAOLA BUENROSTRO
CASA MUÑECAS CDMEX


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