¿Cómo te explico?
Siempre he estado en contra de las MENTIRAS.
Nunca miento… aunque a veces no diga toda la verdad.
Si digo que hablo inglés, no me creen; ahora imagínate si dijera que hablo cuatro idiomas menos.
Hoy debo ofrecer una disculpa, porque sí: mentí.
En la zona romántica de Puerto Vallarta, en el llamado Pueblo Viejo (área gay), se encuentra el restaurante italiano La Piazzetta, cuyo propietario es Domenico Louruzo Rizo, mejor conocido como Mimmo.
La Piazzetta siempre ha tenido una gran afluencia de comensales: gente que acude día, tarde y noche a disfrutar de la comida y de un ambiente increíble.
Una tarde-noche, una pareja de la comunidad LGBT estaba cenando en una de las mesas. No sé si era algo romántico, pero se besaron. El problema fue que a Mimmo no le gustó en absoluto. Los sacó del lugar y, según se dijo, incluso les dio una patada.
Aclaro algo importante: La Piazzetta está exactamente en medio de la colonia gay.
En ese tiempo, la comunidad LGBT estaba más unida que nunca. La noticia corrió rápido y el restaurante fue declarado homofóbico. Se tomó la decisión colectiva de no asistir más al lugar.
De un 100 % de ocupación diaria, el restaurante cayó a apenas un 5 %. Bancarrota total.
Mimmo, preocupado, estresado y sin saber qué hacer, acudió a otro empresario de Bahía de Banderas, propietario de lugares icónicos para la comunidad LGBT como Garbo Piano Bar, Flamingo’s, entre otros. Fue a pedir ayuda.
Ese empresario, Javier, al escuchar la historia, lo envió conmigo: tu servidor.
Javier me llamó, me explicó todo y me pidió que apoyara a Mimmo. La verdad es que lo pensé mucho, porque sí, el señor había sido homofóbico.
Aun así, redacté un escrito argumentando que todo había sido una calumnia en contra de La Piazzetta y de su propietario. Declaré que yo había estado presente en el lugar y que nunca presencié ningún acto de discriminación homofóbica contra algún miembro de nuestra comunidad LGBT.
También afirmé que Domenico Louruzo no era homofóbico y que yo formaba parte de su staff.
MENTÍ. SÍ.
Y mentir es algo que detesto profundamente.
Pero esta vez no mentí por el empresario.
Mentí por el staff.
En ese entonces eran, si mal no recuerdo, más de 50 empleados:
50 familias que dependían de sus quincenas, de sus prestaciones, y también de las propinas de los comensales.
Mentí porque los conocía bien: profesionales, amables, con un servicio de primera y, sobre todo, buenas personas.
JÚZGAME.
ODIO LAS MENTIRAS,
pero ODIO MÁS que otros paguen por el error de alguien más.
Con el tiempo, a Mimmo se le quitó lo homofóbico. Pasó de ser un cabrón a convertirse en mi mejor amigo.
Chuky, te quiero, wey.
De la misma manera, extiendo una disculpa pública:
Chikys, Mauricio, amigo… perdón por haber puesto mi voz más alta que la tuya.
PD: Haz el bien sin mirar qué tan pendejo fue aquel.
Nadie tiene derecho a tocarte, sobajarte ni hacerte sentir menos.
Vales mucho.
Atte:
La Mitchell


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