La persona que fue mi mejor roommate (compañera de apartamento), aquella por la que nunca tuve que preocuparme, ni buscar, ni presionar, ni exigirle su parte de la renta, fue una mujer de la comunidad LGBT. Me atrevo a decir que la mejor lesbiana de Puerto Vallarta.
Cuerpo de surfista, atlética, hermosa, inteligente, rubia. Su nombre: Laura, la fatal.
Puedo decir que me costó muchísimo trabajo convencerla de que viviéramos juntas. Ella desconfiaba de mí, dudaba de poder llegar a compartir un techo conmigo. El motivo era simple: mi reputación dentro de la comunidad lésbica. Aunque no era mala en sí, la verdad es que, si yo fuera heterosexual, se me habría llamado mujeriego; en mi caso, ¿Cómo explicarlo?, ¿hombre-riego? (Se decía que si no conocías mi cuarto, no conocías Puerto Vallarta).
Su temor y preocupación eran claros: pensaba que habría un desfile constante de hombres en el departamento. Sin embargo, con el paso del tiempo y la convivencia, se dio cuenta de que en realidad soy diferente. En mi espacio seguro soy una persona responsable, ordenada y tranquila.
Con el paso del tiempo, los vecinos del edificio empezaron a conocernos y a especular acerca de nosotros; asumían que éramos una pareja heterosexual. La realidad era que, en nuestro hogar, a mí me encantaba cocinarle, lavarle y plancharle su ropa, ordenar su habitación y ocuparme de las labores domésticas, aunque ambos trabajábamos por igual.
Pasábamos mucho tiempo juntos: íbamos al antro, hacíamos las compras y, en una ocasión, mientras estábamos en el supermercado, noté que las personas nos observaban. Una mujer se acercó a Laura y le dijo, con total naturalidad:
—Perdón, qué guapo está su esposo.
—¿Quién? —respondió Laura, sorprendida—. ¿Su esposo?
—Sí.
—No —contestó ella—, yo soy el esposo; ella es mi mujer.
La pasábamos increíble. No teníamos problemas de ningún tipo. Incluso me atrevo a compartirte que nos bañábamos juntas y que en el apartamento andábamos desnudas todo el tiempo, sin morbo alguno. Recuerda que, sin aire acondicionado, Vallarta es realmente sofocante.
Llegó el día de su cumpleaños, el de La Fatal.
Pensé en qué regalarle.
Para eso, ella había trabajado todo el día; llegaba exhausta.
Yo, en cambio, estaba en la playa, en mi día de descanso (off day).
Llegué acompañado de una amiga de Madrid, hetero, pero que se prestó porque quería experimentar; le llamaba la atención La Fatal.
Sin más ni menos, le compré una rosa de tallo largo.
Ya sabes… es más elegante.
Al llegar al apartamento, ya anocheciendo, entramos a su habitación. Ella dormía. La chica de Madrid no dudó y se desnudó, acomodándose a un costado de la fatal Laura, colocándole la rosa entre su cuerpo. Ella, hermosa, de pelo largo, rizado y pelirrojo, y esas pecas en sus mejillas la hacían verse radiante.
Al ponerme a un costado de mi amiga y al llamarla, abrió los ojos y giró su rostro, molesta, sí; pero al ver su regalo, su presente de cumpleaños, me ignoró y simplemente la besó. Sin más, salí de su habitación cerrando la puerta detrás de mí. Tener una amistad como la de ella es increíble, porque se convierte en familia.
Por otro lado, una persona de la comunidad LGBT, específicamente de la comunidad lésbica de Puerto Vallarta, llegó a mi apartamento. No la conocía bien; la verdad es que no había tratado mucho con ella en los bares. Siempre he sido una persona que no tolera que alguien trate mal a otra persona, y mucho menos a mí. Aun así, respetaba que fuera amiga de mi compañera de apartamento (roommate).
Sin embargo, en una ocasión, dentro de mi propia casa, me alzó la voz de manera agresiva, maltratándome y humillándome. Llegó un punto en el que simplemente ya no toleré más abuso, discriminación ni agresión de su parte. Por ello, le extendí la salida de mi casa de manera muy diplomática.
Creo que se ofendió a tal grado que, en voz alta, me reafirmó su procedencia, más o menos así.
-¿Que no sabes de quien soy nieta?-
respondí. ¡no lo se!
-soy la nieta de Echeverría-
mi respuesta fue rápida- no grites cállate que no te escuchen mis vecinos, que vergüenza de un ladrón y asesinó.
la realidad es que ella si es la nieta de Echeverria propietaria empresaria del restaurante el arrayan en puerto Vallarta, lo sabia si, pero se lo negué. y sin mas la eche serrándole la puerta.
Como alguien con algún poder político (parentesco). se atreve a ser tan racista, grosera, por creer que es de otro simple nivel social. e imponerse en casa ajena tiene sentido.?
En este tiempo conocí al italiano de Bantova, cerca de Verona. Me lo pintó todo muy bonito, le creí y me equivoqué. Se mudó al apartamento que compartía con Laura, “la fatal”. Paso una semana. Y un día, desapareció; sin decir nada, ya no la encontré, se fue.
La realidad de las cosas: no supe por qué. Con el paso del tiempo, me enteré de que el italiano. le exigió en mi nombre, que yo necesitaba mi espacio con él, porque según él, yo no tenía valor para decírselo en su cara.
Gran mentira… así fue.
Tóxico sí lo es. No me gusta comentar sobre mis ex-relaciones (porque hablaría mal de mí mismo), simplemente no se me hace justo que el departamento lo vacío y, con un anillo Cartier de una propuesta de matrimonio que un americano me dio, lo hurtó; y el depósito, de igual forma, se lo llevó del apartamento donde él solo llegó.
Se corrió la noticia de que él solo me utilizó. La realidad es que no me importó lo que se llevó; lo que sí me encabronó fue que me alejara, con mentiras, de una gran persona, amiga, confidente, comadre. en si lo material no me importa, la amistad SI.
PT: En mi caso, aquí sexo no había, pero cariño, aprecio y admiración para “la fatal” sí había. Lo material no es nada si no lo compartes con quien amas y estimas.
Nadie tiene derecho a tocarte, sobajarte o humillarte. Balés mucho, chikys.

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