Buscar este blog

domingo, 7 de diciembre de 2025

#20- CUANDO LAS COSAS BUENAS LE SUCEDEN A LE GENTE MALA.


 

Es interesante e increíble cómo hay personas que no se tocan el corazón para nada. Ven a otro ser humano en dificultades, aprietos o problemas… y se regocijan.

El simple hecho de verte feliz, logrando alguna meta o simplemente tranquilo, les molesta.

Escucharlos hablar de los demás es desconcertante. Los observo, solo miro cómo mueven los labios, intentando imaginar por qué hacen lo que hacen: dañar por dañar.
Te pondré un ejemplo simple:
—¿Ya miraste a la Mitchell? Se levanta las nalgas porque ya fue a Europa.
—No, güey, no me levanto las nalgas. Me levantaba temprano para ir a trabajar.

¿Tiene sentido?

En mi vida he conocido a muchas personas que, de una u otra forma, intentan perjudicarme simplemente por verme feliz… o por intentarlo.
Y eso es algo que me ha costado mucho.

Al llegar a la CDMX, una persona se me acercó mintiendo, diciendo que era la mano derecha de la directora del plantel o institución. Incrédulamente, le creí. La escuché todo el día: llamaba por teléfono, abordaba personas en la calle pidiendo “donaciones” para la misma casa hogar.

En mi situación de vulnerabilidad —ingenua, preocupada por mi situación de calle— esperé todo el día con esta persona, creyendo que me ayudaría a encontrar un lugar donde pasar la noche. Me aseguraba que ya tenía uno para mí.

La acompañé. Subimos al metro, llegamos a su terminal como a las 9:00 p.m. Luego tomamos un autobús cuyo trayecto duró alrededor de tres horas (tráfico, paradas, etc.). Agotada, empezamos a caminar durante casi una hora por caminos peligrosos. Llegamos a unas calles de terracería junto a un canal de aguas negras. Al final de la brecha había una finca, una construcción, un taller mecánico.

De inmediato me pidió que esperara afuera, pero esa “espinita” no me dejaba en paz. Entré sin hacer ruido. Al fondo había un cancel con varios candados donde se encontraban varios chicos. Esto me alertó.

Puse más atención a la conversación dentro de una habitación, donde estaba la persona que “brindaría” la ayuda. Escuché claramente cómo se referían a mí: hablaban de cómo me pondrían a trabajar, dejándome en garantía por alguien más.

No lo dudé. Salí lo más rápido que pude, sin que notaran que huía. Cuando la persona que me llevó notó que ya no estaba afuera, intentó alcanzarme y convencerme de regresar. Simplemente la dejé atrás.

Ahora que estoy segura en estas instalaciones de Casa Muñecas, protegida, llega esa misma persona pidiendo apoyo, ayuda, exige, miente… y se lo otorgan. No soy nadie para decir a quién se  ayuda, pero como puede recibirla ayuda sin importe lo que hizo? ¿Cómo alguien así, que no se toca el corazón para poner a otro ser humano en riesgo.

(En este caso, esa persona era yo, a quien dejaría en garantía.)

Nadie tiene derecho a tocarte, sobajarte o hacerte sentir menos.
Vales mucho.

Atentamente,
La Mitchell

Casa Hogar Paola Buenrostro
Casa Muñecas – Ciudad de México

No hay comentarios.:

#80- GRACIAS MUÑECAS.

Hoy me toca despedirme de la Casa de las Muñecas. El tiempo no se detiene, los días siguen pasando y la realidad es que yo también tengo que...