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martes, 30 de diciembre de 2025

#51- EL VANESA VARRIO.


.¿Te puedes dar una idea, o imaginar, el despertar cada mañana, cada día, con temor e incertidumbre? Todo por el simple hecho de ser diferente. Pensar qué tanto te dañarán, te adre mentaran, solo por ser distinto, por tener — un cuerpo equivocado.

He visto, vivido y experimentado abusos, injusticias y agresiones físicas y psicológicas, chikys. Situaciones donde ninguna persona, ningún individuo, interviene; donde todos son testigos mudos.

En mi niñez, en el barrio de San Isidro, tenía este vecino: alto, modosito, pelo afro, afeminado, pantalones muy entallados. En ese tiempo el catalogar era simple: el joto, maricón, puto… ya sabes, todo sinónimo de ser homosexual.

Pero a este vecino le llamaban Vanesa en el barrio.
¡Ahí, wey! Cada día era un maratón, pero en esas carreras siempre perdía. La perseguían, la correteaban, la agredían, la golpeaban con tanta crueldad. Y no solamente se quedaban satisfechos esos tipos: al terminar de golpearla, iban contra su casa. (Rentaba un cuartito). donde le grafiteaban la fachada con expresiones racistas y de odio, más o menos así: puto, joto, sidoso, además de romper todos los cristales de sus ventanas.


Entre tantas ocasiones, hay una que recuerdo con una claridad brutal. Esa en especial. Lo alcanzaron y lo golpearon con más saña que otras veces; esta vez fue distinto. Un golpe en la cabeza, lo tiraron al suelo y cayó a un costado mío. Yo era muy pequeño. Demasiado.
La impresión fue bastante fuerte. El miedo en su rostro, la angustia, el caos del momento… esa escena se me quedó bien grabada en la mente. No se borra. No se va. Es como si hubiera ocurrido ayer.
Después de eso, nunca más supe de él.

Años más tarde, ya en mi adolescencia, entrando a la adultez, regresé a Guadalajara por trabajo, enviado por el hotel donde laboraba. Volví a la casa de mis pesadillas: Lagunitas.
Bajé del taxi y, casi de inmediato, escuché voces. Un grupo de hombres hablaba de mí. Especulaban, se burlaban, como si el tiempo no hubiera pasado.
—¿Ya vieron quién regresó?
—Sí, el puto, el joto de la colonia.
Risas.
Los escuché ahí, cerca de mí. De frente. Sin pudor.

Empecé a temblar, me llego un RATATUI. o mas bien dicho un recuerdo ya de mucho tiempo atrás. el como ellos trataron, agredieron, acosaron, al Vanesa. mi mente empezó a trabajar cada momento situación acerca de el. he inclusive recordar de mi niñez, que fui abusado por mucho de ellos.

Empuñe mis manos me arme de valor me incorpore, camine hacia ellos los mire fijamente respire profundo  tengo que agregar que eran mas o menos unos 25 tipos(chukys). ya con el nervio a flor de piel empecé habar en voz alta. haber cabrones yo como la canción. ni casada ni comprometida ni nada, y ustedes están casados y con famia. porque si quieren problemas los tendrán con migo puesto han tenido relaciones con migo mas de la mitad siendo yo un niño. 

Sin titubeos, me escucharon. Me miraron. Y simplemente me contestaron.

No queremos pedos, wey.
Ya llégale.

Al girar y retirarme solté un gran suspiro. Asustado estaba, más aún cohibido, pero me llegó este recuerdo de Vanesa y no lo pude evitar.
Si permitía o dejaba pasar el insulto, me arriesgaba a que me agarraran de bajada;  no me los quitaría de encima. Saben a lo que me refiero. Me entienden, chikys.

He pensado mucho en Vanesa. Ahí, chiky… el “hubiera” no existe, estoy totalmente de acuerdo, pero cómo me hubiera gustado poder ayudarte en lo que te tocó vivir.

(En mi caso no fui golpeado en este tiempo como a el. pero si fui tocado, abusado por ellos. esto empezó cuando tenia escasos tres años.)

Nadie tiene el derecho de tocarte sobajarte o hacerte sentir menos vales mucho. chikys.

ATTEL: LA MITCHELL

CASA HOGAR PAOLA BUENROSTRO.

CASA DE LAS MUÑECAS CDMEX.



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