En mi vida he tenido la suerte y el honor de conocer a todo tipo de personas: llamémosles amigos, conocidos, individuos, asta personajes.
Y sí, en este caso te contaré la historia de un personaje especial. Sí, lo estimo, sí… y de la misma forma, me confundió bastante.
Y es que, como diría el personaje de Eugenio Derbez:
¿QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE?
¡AHÍ WEY!
Esta persona —pongámosle nombre— sí: Jonathan.
Alto, muy guapo, ojos azules, muy buen cuerpo, dotado… amigos con beneficios (friends with benefits).
Salíamos, nos divertíamos, teníamos relaciones; ya sabes, sin celos, sin dramas, sin escenas. Todo bien, sin perder la amistad. Perfecto.
Nos distanciamos por el hecho de que yo radicaba en Puerto Vallarta, Jal., y él se fue al extranjero.
Pasaron los años y, sin saber nada el uno del otro, una noche, en el club Paco Paco de PV, sin más, una persona se aproximó a mí esperando que le diera la espalda, y de repente, me tapó los ojos diciéndome al oído que adivinara de quién se trataba.
Me soltó, giré mi rostro, la miré… pero no la reconocía. Alta, hermosa, cuerpo muy bien trabajado, ojos azules.
Fue mi expresión la que me delató: no la reconocía. Así que ella dio el primer paso y, sin más, me soltó el nombre.
—Ya pues, soy Susana.
—Perdón, no recuerdo…
—Sí, de Guadalajara.
Igual seguía sin reconocerla, hasta que por fin me dice:
—Soy Jonathan.
¡Wow! No lo creía. Y nada más se me ocurrió decirle que si se había vuelto “vestida”. Me reí.
—No soy mujer.
¿NO?
Me miró, me tomó de la mano y la dirigió bajo su minifalda, percatándome —sorprendido— de que ya no contaba con un pene: ahora tenía una vagina.
—¿POR QUÉ? —fue mi pregunta.
Su respuesta no tardó:
—Ya no quiero estar con jotos ni maricones; quiero hombres de verdad.
Pensé: bueno… es válido.
Así siguió la noche: bailamos, tomamos, nos divertimos y nos despedimos.
Pasó el tiempo y tuve que ir a Guadalajara por cuestiones de trabajo, por parte del hotel gay donde trabajaba: Abbey / Torre de Oro.
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