La verdad, chikys, es injusto que cuando uno pide ayuda o apoyo, lo primero que reciba sean cuestionamientos, etiquetas y críticas, sin importarles conocer la verdadera versión de mi historia.
Cada día me esfuerzo por no parecer un vagabundo. Ya sabes: estar limpio, aseado, alineado, aun viviendo en situación de calle. El simple hecho de buscar un techo, una cama o, sencillamente, un plato de comida se vuelve muy difícil si no te ves como ellos quieren o como creen que deberías verte ante la sociedad.
En Guadalajara, Jalisco, al solicitar apoyo en un albergue del DIF —y voy a ser sincero, no le voy a quitar ni poner— el problema es que sus filtros son prácticamente impasables. Me refiero específicamente al de Agua Azul, en Jalisco.
El albergue CADIPSI, ubicado en Calzada de las Palmas 76, Rincón del Agua Azul, Guadalajara, Jalisco, te brinda apoyo de refugio cuando no logras pasar el filtro de ingreso al albergue principal. Afuera de las instalaciones te dan un plato de comida y una bolsa de agua. Después, te trasladan en una unidad del DIF (vagonetas) a una bodega que utilizan como refugio, a unos 45 minutos de distancia.
La parte más incómoda —por no decir el verdadero problema— es que tienes que hacer fila desde aproximadamente las 12:00 del día, sin poder retirarte, porque si te vas pierdes tu lugar para tener un sitio seguro donde pasar la noche. El traslado comienza hasta las 8:00 de la noche, y al día siguiente entregas la cama a las 6:00 de la mañana.
¿El resultado? No hay tiempo para buscar trabajo. Los horarios simplemente no lo permiten, porque nuevamente a las 12:00 ya debes estar con tu mochila formado en la fila.
Otra situación que se vive es que los mismos indigentes, al verme ya formado esperando apoyo, me han agredido, ofendido e incluso pateado, solo porque piensan que me estoy burlando de ellos, creyendo que yo no necesito el apoyo.
Y del otro lado está la sociedad. Al verme, no creen mi situación. Lo he notado claramente: para muchos, si no te ven sucio y maloliente, no te creen… y entonces te ignoran. Triste, pero tiene sentido para ellos.
Las normas no escritas de la sociedad:
“Como te veo, te juzgo; como te juzgo, te trato.”
A estas alturas de mi vida pienso, recapacito y analizo todas las posibilidades para darme mi propia oportunidad. Porque la verdad, no es un orgullo estar en estos albergues donde he tenido la oportunidad de quedarme. Me han robado, perjudicado y saboteado. Es como la historia de la cubeta con cangrejos: uno intenta salir, esforzarse, pero los demás no lo dejan. Así es esto. No les gusta que uno sobresalga ni que quiera salir de la situación de calle.
“¿Por qué tú sí y yo no?”
Y sí… tiene sentido.
Tan solo escucharlos, observar sus pláticas sobre cómo robar, asaltar, chantajear o extorsionar, la verdad, me deprime. No diré en qué albergue ni quiénes eran, pero sí diré algo: yo jamás me atrevería a hacer algo así ni a ser como ellos.
¿CÓMO TE EXPLICO? ¡ASÍ!
En Guadalajara, Jalisco, cuando apoyaba en un comedor comunitario, se me brindó una cama. Un día salí temprano y fui al Centro Histórico. Estando en Plaza Universidad, afuera de la estación del Tren Ligero, a un costado hay una tienda muy peculiar y famosa por ser económica, de aparatos eléctricos, juguetes y más.
Ese día compré un speaker. Mientras esperaba que me cobraran, vi unos cables para cargar celulares. Tomé uno y lo conecté al mío, y por una cosa u otra, pagué el speaker y salí. Ya en el cuarto que me prestaban, me di cuenta de que traía el cable conmigo.
Sin pensarlo, al amanecer ya estaba afuera de la tienda antes de que abrieran. En cuanto levantaron cortina, fui directo a la caja. Le expliqué la situación a la chica y al gerente de piso, ofreciéndoles una disculpa y pidiéndoles que me cobraran el cable.
La chica me miró sonriendo y me dijo:
—¿Por qué regresaste? Nadie se hubiera dado cuenta.
Mi respuesta fue sencilla y rápida:
—Tienes razón, nadie se enteró… pero yo sí.
Pagué y me retiré.
Y aquí te digo algo muy personal:
En mi caso —sí, en mi caso— me han golpeado, sobajado, humillado, violentado y robado. Pero eso no me da derecho a hacer lo mismo que ellos. Prefiero ser mejor persona, chikys.
Jamás seré igual que esas personas. Si me tratas mal, yo seré más amable contigo.
Sirve, ama y da, pero nunca digas que eres más que los demás.
Nadie tiene derecho a tocarte, a humillarte ni a hacerte sentir menos. Valés mucho.
Atte:
La Mitchell
Casa Hogar Paola Buenrostro
Casa de las Muñecas, CDMX

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