Cero y van dos. la primera fue una pesadilla de 10 años, pero la segunda por pedir ayuda, ¡En serio! te juro en verdad y no lo creo.
¡TE CUENTO VA!
Fui privado de mi libertad mediante un levantón en Bahía de Banderas, Sayulita, Jalisco. A pesar del miedo y el desconcierto que viví en ese momento, las autoridades de la región me auxiliaron y el DIF Jalisco me brindó apoyo, permitiéndome trasladarme a Guadalajara para intentar recuperar un poco de estabilidad.
Al llegar, mi primer impulso fue dirigirme a Derechos Humanos de la Diversidad Sexual de Guadalajara. Ahí me escucharon, me orientaron y buscaron para mí un refugio donde pudiera estar seguro. Al no encontrar uno disponible, hicieron lo posible por ayudarme dándome hospedaje por algunas noches en un hotel. Esa pequeña luz de apoyo me dio esperanza.
Pero durante el fin de semana mi habitación venció —era sábado— y, puesto que las oficinas de Derechos Humanos no laboran los fines de semana, me quedé totalmente desamparado, sin un lugar donde pasar la noche. En medio de mi vulnerabilidad, pedí ayuda a una persona, explicándole que solo necesitaba un lugar por una noche, pues el lunes tenía una cita marcada con Derechos Humanos. Confié.
Esa persona me llevó con una mujer identificada como Alma Guadalupe Plascencia Serrato, diciéndome que quizá podría apoyarme temporalmente. Nadie me informó que el lugar al que me llevaban era un anexo. Entré sin saberlo. Una vez adentro, se aclaró dónde estaba… pero al día siguiente (lunes), cuando pedí salir para acudir a mi cita, simplemente se me negó la libertad. Traté de explicar mi situación, pero fui ignorado. No me permitieron salir.
Quiero dejar claro que nadie sabía que yo estaba ahí dentro. El anexo se llama “Un Encuentro con mi Alma”, presuntamente propiedad de Alma Guadalupe Plascencia Serrato, ubicado en Calle Río Lerma #178, entre C-Perla y Bugambilias, en Las Pintitas, fácilmente identificable por los agaves junto al portón negro. Ahí desaparecí del conocimiento de todos.
Dentro del lugar, me obligaban a trabajar desde las 7:00 de la mañana hasta las 11:00 de la noche. Ese “trabajo de oficina” consistía en limpiar y acomodar expedientes —registros médicos— y, además, terminaba siendo para ellos su enfermero. No existía ningún registro oficial de mi estancia en el anexo. Me retuvieron mis documentos, sabiendo que sin ellos no tenía forma de salir ni de pedir ayuda.
También obtuvieron el número de mi hermana en Estados Unidos. Se comunicaron con ella para exigirle dinero por mi permanencia, inventando que yo tenía problemas de adicciones. Eso es completamente falso. Yo llegué con contusiones graves producto del levantón, no he consumido drogas ni alcohol. Ellos usaron mentiras para sacarle dinero a mi familia, sin que yo lo supiera.
Durante mi permanencia en ese lugar trabajé únicamente a cambio de comida y una cobija. Vivía con miedo. Fui sometido a maltrato psicológico, trabajo forzado y exigencias físicas desgastantes incluso para recibir la poca comida que me daban. Mi permanencia forzada se prolongó durante 4 meses y 3 semanas, un tiempo marcado por abusos constantes, humillaciones y condiciones profundamente injustas que dejaron huellas en mi. la verdad estoy desilusionado.
Me pongo en la situación de que la única persona que amo y que verdaderamente me queda es mi hermana en Estados Unidos. (la morro) Siento que perdí su confianza y su respeto, y eso me rompe por dentro. Me duele profundamente porque ella es lo más importante para mí; es mi familia, mi apoyo, mi fuerza. Pensar que por lo que le informaron le he fallado o que podría dejar de creer en mí me parte el alma y me hace sentir una soledad que no sé cómo describir.
(Por mi parte no quedo en mi. quedo en la credibilidad de un extraño.)
Nadie tiene el derecho de tocarte, sobajarte o hacerte sentir menos vales mucho.
ATTE: LA MITCHELL
CASA MUÑECAS CDMEX.


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