Eso me ha llevado a pensar —demasiado, quizá— que el problema podría ser yo. Imagino que tal vez mi conducta no es apropiada; es más, hasta pienso que quizá podría ser antisociable.
¡Ahí Wey.!
Pero luego la realidad me pone en su lugar. . A lo largo de mi vida he convivido y trabajado en distintos espacios donde esforzarme me ha dado beneficios reales: amigos, colegas, vínculos, pruebas de que sí sé estar. Entonces la pregunta vuelve, más directa y sin rodeos:
¿Qué está mal en mí?
¿O será que lo que está mal no soy solo yo… sino también tú?
Tratar de comprender cada una de sus problemáticas no es nada sencillo. Todas queremos atención, queremos que nos chiqueen; ya sabes, ese trato que socialmente se espera de un hetero hacia una mujer. Esa necesidad existe, pesa y se siente.
Desde ahí se apoya a comunidades vulnerables: trabajadoras sexuales, personas LGBTIQ+, exreclusas y migrantes. Se ofrece refugio —del real, no del simbólico—, acompañamiento integral en salud, identidad, educación y reinserción social. Porque sobrevivir no debería ser el único objetivo; vivir con dignidad también cuenta.
Además, se promueven los derechos humanos como herramienta básica —no como favor— para alcanzar una mejor calidad de vida. Nada extraordinario, en realidad. Solo lo que siempre debió ser normal.
La Casa brinda alojamiento y alimentación, sí, pero también algo menos visible y más urgente: asesoría médica y psicológica, apoyo para trámites de identidad, reinserción educativa y laboral, y espacios culturales y artísticos. Porque no basta con sobrevivir; también hay que reconstruirse.
El impacto va más allá de cuatro paredes. Busca empoderar a quienes la habitan, facilitar su inclusión social y alejarlas de la violencia y la pobreza —esas violencias estructurales que nadie quiere admitir como propias—. Cuenta, además, con una estructura operativa a nivel nacional e internacional para expandir su ayuda. Porque la dignidad no debería tener código postal.
vive ama y da pero no digas que eres mejor que los demás. nadie tiene el derecho de tocarte sobajarte o hacerte sentir menos vales mucho.
(En mi caso. a la activista le llamaba Kenia kuevas ahora le diga madre gracias por darme vida)
ATTE. LA MITCHELL
CASA HOGAR PAOLA BUENROSTRO



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